|
|
|
|
J. M. Serrat | ||
|
Ligada fundamentalmente en la actualidad al cristianismo, los motivos cruciformes son bastante más antiguos, así en Siria personificaba al Dios Tammmuz; para los acacios era el ídeograma que representaba al Dios de la fertilidad y de los cereales. Aparece en la América anterior a Hernán Cortés para simbolizar al Dios celeste tolteca Tlatoc, en el Antiguo Egipto conocido como Ankh, combinando la simbología del dios Osiris (el tau o cruz en forma de T) y de la Isis (el óvalo) siendo símbolo de inmortalidad y apareciendo con frecuencia en manos de los dioses allí venerados. En la Vieja Europa, la cruz ya aparece en petroglifos neolíticos, o como tatuajes, tal vez de carácter protector, en el cuerpo de "Otzi", nombre dado a la momia alpina hallada en 1991 en el glaciar del valle de Otz y que nos acerca al principio de las Edades de los Metales. Será el cristianismo, fundamentalmente a través de Roma quién adopte este signo. Hay una gran variedad de tipologías que fueron adoptadas por diferentes órdenes religiosas y de caballería, pero, genéricamente, los arquetipos más comunes son la cruz griega o quadrata de brazos iguales y rectos y la cruz latina o crux inmisa capitata utilizada por los cristianos del área latina, siendo su brazo inferior sensiblemente más largo que los demás, por lo que también se la denomina "cruz alzada"; es identificada con la cruz del patíbulo donde, según la tradición judaica, Jesucristo fue crucificado. Tal vez, el empleo más generalizado de la cruz que actualmente conocemos se deba a la leyenda atribuida al Emperador romano Constantino cuando su difusión se hace mayor. La leyenda cuenta como Constantino vence a Magencio en la batalla de Puente Milvio ante un enemigo muy superior en número, merced a la visión en el cielo de una cruz. Es entonces cuando ordena pintar en el escudo de sus tropas el lábaro cristiano gracias al cual consigue la victoria, de ahí la inscripción "Con este signo vencerás a los enemigos". Esta leyenda inspiró a quienes torpemente reescribieron la batalla de Pelayo en Covadonga contra los musulmanes, pasando a ser la cruz emblema de victoria del reino de Asturies, cruz de la que cuelgan las letras alfa y omega, queriendo indicar que Jesucristo, a quien se evoca, es principio y fin de todas las cosas. De cualquier forma, estas cruces de victoria, a menudo ornadas de reliquias y enjoyadas, presentan una tradición bárbara más antigua. A medida que el cristianismo va siendo asumido en Europa por las clases dirigentes, la cruz irá imponiéndose poco a poco, llegando a tallarse en los lugares de culto paganos, incluso en los menhires neolíticos, objeto también de antigua veneración. Será símbolo en los confines de Europa, desde Armenia hasta el reino de Asturies. La cruz, con el tiempo deja de ser emblema privativo de la elite social, salvo en Asturies donde continuo siendo símbolo exclusivo de la monarquía, quizá por alcanzar mayor significado frente al Islam. El hecho es que no existen estelas alto medievales que utilicen el estandarte o lábaro en Asturies, tal como sucede en La Meseta, Euskadi o Pirineos, lo cual puede deberse a que su uso fue solamente privativo de los reyes asturianos que tenían la cruz como símbolo protector y de victoria.
Pentalfas Son consideradas como una especie de sellos mágicos con forma de estrella de cinco puntas formada por triángulos cuya base es uno de los lados del pentágono formado en su centro. También se la denomina Pentaclo, apareciendo en antiguas monedas griegas. De marcado carácter esotérico es considerada por pitagóricos, neoplatónicos, y gnósticos como símbolo de la perfección de la naturaleza. En el libro de magia del Papa León, conocido como "enchiridrión" se decía que este sello mágico debía ser impreso en pergamino virgen realizado con la piel de un castrón o grabado, en oro o en plata, si se quería exorcizar. Existe una leyenda que atribuye la pentalfa a una visión precediendo a una inminente batalla, algo así como la cruz que se le presentó al Emperador Constantino. Será el mismísimo Alejandro Magno el que se aparecerá a Antíoco Sotes, Rey de los Selúcidas, ordenando que pintasen los soldados en sus escudos la figura de la pentalfa y advirtiendo que en los cinco ángulos que componen las cinco alfas se inscribiesen las cinco letras griegas "YTEIA". Realizada esta recomendación, Antíoco y los suyos obtuvieron la victoria al enfrentarse a los gálatas. La pentalfa era empleada como signo cabalístico protector de las tormentas y así aparece grabada en la inscripción de la denominada pizarra de Carrio (Asturias). Así mismo, se creía que protegía a quien invocaba al demonio si se trazaba en el suelo y se colocaba dentro de ella. De hecho, una de las maneras de protegerse de la Güestia era trazar la pentalfa y colocarse en su centro. Aunque se trata de un signo que ahuyenta los demonios, actualmente algunas sectas y sociedades secretas devotas de la magia negra acostumbran a utilizarla como distintivo. Tal vez por eso también recibe el nombre de "pie de bruja". Se considera que si está colocada con una punta hacia arriba servirá para la magia blanca (teurgia) y si tiene dos puntas en dicha dirección su finalidad será la magia negra (goecia), esto en ámbitos esotéricos. Durante la Edad Media, la pentalfa fue empleada para la confección de talismanes protectores realizados en metal o con piedras preciosas o semi preciosas. El artesano debía disponer de una habitación silenciosa, orientada al este, con crisoles de arcilla para fundir metales, horno, buriles de grabador, ... La habitación debería estar presidida por una pentalfa trazada en la pared. El poder de la pentalfa se veía reforzado si se inscribía dentro de un círculo o si se acompañaba de palabras o letras cabalísticas, una de las más habituales era "AGLA", que tenía el poder de mantener a raya a los demonios. Tanto éstos términos cabalísticos como la pentalfa pasaron a ser muy comunes en pequeños libros "de magia" conocidos en el norte de Portugal, Galicia o Asturias, como Libros de San Cipriano. En ellos se recogía cómo hacer hechizos, elaborar filtros o conjurar al demonio para que proporcionase riquezas o tesoros, por lo que la pentalfa se popularizó incluso entre los buscadores de tesoros y aprendices de brujos. Este signo, aunque presente en algunas manifestaciones del arte popular, no es muy numeroso y queda fundamentalmente relegado a un carácter ocultista y esotérico. |
| ||||