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La relación entre agua y poder
espiritual comenzó a ser evidente durante la Edad del Bronce. De hecho, la
veneración por el agua se convirtió en una señal de identidad de la
religión Celta. En la mitología Celta, sólo las diosas, nunca las deidades masculinas,
estaban relacionadas con el agua dulce. La configuración de la Xana es de eterna juventud,
llena de belleza. Habita en bosques, fuentes, ríos y cuevas. Se dice que
ha sido vista peinando sus cabellos de oro, tendiendo sus blancas ropas y;
por San Xuan, para ser desencantada, se aproxima a las fuentes, a ver
quién la desencanta ... También se dice que ye "pequeñina y galana", de
corazón noble y cantos melodiosos. |
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A veces la xana está sola, pero en ocasiones lo
que se nos cuenta en las leyendas es la historia de una serie de xanes que
viven juntas. Junto a la afición por peinarse, les xanes son vistas
frecuentemente realizando otras tareas. En muchas ocasiones están junto a
las fuentes ocupadas en las labores de la colada. Mientras la ropa lavada
que han tendido se seca,
ellas danzan y cantan. "En las fuentes donde hay Xanas se ve en el fondo un hilo de oro. El que logra apoderarse de ese hilo y tira de él
y lo devana durante muchas horas sin soltarlo, al cabo de mucho
tiempo ve salir a la Xana asida al otro extremo del hilo y desencantada
ya."
Otra de las aficiones es filar. El fusu, la rueca y les
tiseres que usan son de oro y también lo son los maravillosos ovillos con
los que trabajan y trabajan. Tienden los cadexos a la luz de la luna y el
primer sol los vuelve de oro. Si bien el mito de la xana es de una
generosidad sin par para con el humano como poseedora y donadora de
fabuloso ganado y tesoros, uno de los rasgos es su costumbre maléfica de
sorprender a las mujeres
despistadas que amamantan, pues les xanes
se dedican a sustituir a los hijos de las mujeres
por sus propios hijos. La xana se acerca a la cuna donde reposa el
hijo de alguna mujer y, ante el descuido de ésta, lo cambia por el
xanín, el hijo de la xana. La xana realiza el cambio para que la mujer
alimente al xanín, en detrimento del hijo auténtico. La cigua, es decir,
la mano negra de azabache es el amuleto más usado en Asturias y solía
ponerse especialmente sobre la madre o sobre el niño a
la hora de
amamantar para defenderlos del mal. El azabache fue considerado ya en
civilizaciones como la egipcia como un objeto con propiedades
mágicas y existe tradición de su extracción en nuestra tierra desde
tiempos muy remotos. Pero junto a la materia mágica del azabache la cigua
tiene una forma especial: se trata de una mano con el puño
apretado y con el dedo pulgar saliendo entre los dedos índice y
medio. Esta forma de la cigua alude a una figura de connotaciones
agresivas y sexuales y es que en Asturias hay que tener en cuenta que el
gesto de cerrar el puño con el dedo pulgar entre el índice y el corazón es
una acción para neutralizar los maleficios. Se cree que la cigua se rompe
cuando funciona y defiende del mal a quien la lleva puesta; en estos casos
es necesario poner otra para la ocasión siguiente. La cigua, muy
usada hoy en día es un objeto frecuente de regalo, suele
colgarse del cuello. El amuleto no solo se utiliza especialmente
en momentos delicados como el de dar de mamar al niño, también
contra el mal de ojo y contra el mal en general.
El tiempo nunca es neutral respecto al mundo de la
fantasía. Por ese motivo también les xanes tienen su calendario. Entre
esos momentos del ciclo anual destaca con fuerza el solsticio de verano,
es el momento en que salen de sus cuevas y de sus maravillosas casas en
los manantiales, es cuando más hilan, cuando más se peinan y cuando más
juegan a los bolos a la vista de nosotros, los
mortales. |
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Xanina de los praos, pequeñina y nidia, que viaxaba en
xarré d´oru, de la que tiraben grillos o escolancios, pente la pación
rosao del alborecer. Si daquién la alcontraba, lo que yera bien difícil,
quedaba somerguiáu yá pa siempre nuna galbana murnia y prestosa al mesmu
tiempu, pues nenguna ayalga que-y aportare diba superar aquella acordanza
en guapura, y asina, d´un paisanu ausente y señaldosu dicíase: "¡Probe!,
namorólu Freba". |