Serenes

 

 Dispone el territorio Astur de 345 o tal vez sean 401Km. (Que ni en esto hay unanimidad) de costa. Costa Cantábrica con 19 municipios que integran la mariña asturiana, mariña que va atesorando los avatares del transcurrir de los días. Los dinosaurios han dejado gravada sus huellas y también nosotros dejamos la huella de construcciones absurdas y ansias de ganar fronteras a la mar. La mar, con sus misterios y amenazas, es continua inspiración para hermosos sueños y, como no, espantosas calamidades. La mar océano, da cobijo a seres engañosos que atraen a la muerte a incautos marinos; las cuevas labradas en la roqueda por la furia de la mar acogen a  serenes que, en las horas plácidas, entonan bellísimas canciones mientras arreglan sus cabellos con peines de oro.

 

 La vida azarosa del errante marino o del curtido pescador de bajura dan lugar a historias y casos legendarios; la peripecia del naufragio, en que en algunos casos y por maravilloso auxilio salva la vida el navegante, la isla encantada, que vino a ser la concha de una inmensa tortuga y, que decir del caso en el cual el dorso de una tremenda ballena dormida sirve de refugio; el del marino, que nada como un pez y busca en el abismo inmensos tesoros o dirige a los navegantes por buenas corrientes. Mundo de misterio y poesía el de Serenes, Tritones y Espumeros.

 

Ya Homero en "La Odisea" menciona a las Sirenas cuando el héroe Ulises lucha contra el poder de las Sirenas que encantan a cuantos navegantes se acercan a sus Islas. Cuenta la leyenda que si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por sus cantos, una de las sirenas debería morir. En el caso de Ulises la desafortunada Partenópe; una vez cumplido el ritual y arrojada a la mar, las olas arribaron su  cuerpo hasta la playa y allí donde recibió sepultura se construyó un templo que dio origen a la actual ciudad de Nápoles. Acerca de las Sirenas, dice la Real Academia Española: "Cualquiera de las ninfas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave, que extraviaban a los navegantes atrayéndoles con la dulzura de sus cantos". Pues sí, por extraño que pueda parecer las Sirenas clásicas greco/latinas difieren bastante de la imagen que actualmente tenemos de ellas; si bien las hazañas que las distinguen son parecidas, en cambio su aspecto es bien diferente. No era la belleza precisamente una cualidad en estos primeros relatos acerca de Sirenas; incluso el nombre se confunde. Serena seria más apropiado para el mito que conservamos en la actualidad. En Asturias con las primeras Sirenas se relaciona a la Fiera Crupecia.

                                  Adivinanzas:                                                                                                                                                                    Pez y tiene tetas, dama y tiene aletas y, canta muy bien. ¿Aciertas lo que es?.

Pez y tiene tetas, dama y tiene aletas; no es  pescado ni mujer, entonces, ¿Qué cosa es?.

Es pescado y tiene tetas,  es mujer y tiene aletas; no es pescado ni mujer, entonces, ¿Qué cosa es?.

                         En la mar hay una dama, que vive en medio del mar, que cuando ve a los hombres le dan ganas de cantar.

                                                             

 

 En efecto, es bien conocida la figura de las serenas: La mitad superior, mujer, la mitad inferior, pez. Son muy hermosas.

 Pues bien, parece ser que allá por los principios de la Edad Media comenzó la transformación del mito alado para convertirse en marino. Todos los océanos y mares estaban habitados por estos seres y, claro, también en el Cantábrico hay hermosas leyendas de Serenes bellísimas. En Asturias, algunas Serenas son jóvenes encantadas. En otros casos la relación es tan extraordinaria que incluso llegan a tener descendencia con navegantes. También nace el desamor al descubrir la cola escamosa de la bella que se zambullía en el agua. 

                                                 

                   "A la oriella la mar

                   oyí cantar la serena.

                   Válame dios comu canta

                   una cosa tan pequeña."

                 La mariña asturiana no solo esta decorada con Serenes:

 

 

 

 Aunque de algunas criaturas ya hace tiempo que no se tienen noticias, no nos podemos olvidar de tritones como el Home Marín, mitad hombre, mitad pez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pataricos, que habitan en un país fantástico enfrente de nuestra costa. El  Pataricu es una criatura gigantesca que solo tiene un ojo en la mitad de la frente y dotado de un olfato finísimo para detectar desde lejos a los náufragos (si son cristianos mucho mejor) suelen devorarlos crudos, según parece aún no conocen el fuego. Son guardianes de tesoros inmensos fruto de sus paseos constantes por la costa en busca de naufragios.

 

 

 

 

 

 

Los Espumeros y Ventolinos, que son espíritus del agua de la mar. Tienen figura humana, son muy pequeñinos, guapetones y juguetones. Son geniecillos mofletudos y sonrosados. Cabalgan en las crestas de las olas, o tras las estelas que dejan los buques y lanchas. Son miedosos, si se produce una tempestad enseguida se apresuran a refugiarse en las rocas. En las mañanas particularmente brumosas, pueden verse neblinas que flotan sobre las olas dirigiéndose al cantil. Estas neblinas no son tales, están formadas por ejércitos de Espumeros envueltos en sus mantos blancos y que buscan refugio en la costa.

 

 

 Las necesidades de la vida moderna, las prácticas en algunos casos poco honestas con las artes de pesca, los vertidos incontrolados, las mareas de galipote... ¡Son tantas las causas!. El caso es que cada vez se hace más difícil encontrarse con estos seres marinos.

                    El hombre que contaba historias
            (Cuento. Oscar Wilde)
 Había una vez un hombre muy querido de su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían:
   -Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy?

 Él explicaba:

   -He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a un corro de silvanos.

   -Sigue contando, ¿qué más has visto? -decían los hombres.

   -Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro.

 Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias.

 Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas... Mas al llegar a la orilla del mar, he aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos verdes con un peine de oro. Y, como continuara su paseo, en llegando cerca del bosque, vio a un fauno que tañía su flauta y a un corro de silvanos... Aquella noche, cuando regresó a su pueblo y, como los otros días, le preguntaron:

   -Vamos, cuenta: ¿qué has visto?

 Él respondió:

   -No he visto nada.

 

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