Para entendernos, el Nuberu, según la fábula
mítica, está cohabitando con las nubes, conforma parte de ellas, gusta de
descargar tormentas de agua y granizo cuando menos se espera. Porque,
cuando el Nuberu interviene, suele hacerlo donde menos se piensa, por lo cual causa molestar su granizada parcial, por
contra, ha beneficiado a aquellos vecinos próximos que, al no verse
afectados por la iracunda nubera, se alegran al conocer que el vecino sí
le ha solmenado de lo lindo ...
El Nuberu es una
divinidad de las nubes, de las tormentas, del granizo. Representa el
peligro de la dañina tormenta, que tanto puede perjudicar a la forma de
vida. Es frecuente encontrar en las mitologías de diferentes pueblos
figuras fantásticas que representan ese temor que inspira el rigor de las
tempestades. Los dioses que controlan y dirigen las nubes suelen ser
personajes de carácter y también suelen destacar por su relevancia e
importancia entre el resto de las figuras míticas. Lógicamente, el Nuberu
usa las nubes para cabalgar y en algunos casos se le atribuye una espesa
barba, además de tener la cabeza tocada con un sombrero de grandes
alas.
"¿Y cómo, pues,
es Nuberu?
Pues, según
quién y conforme,
es contrahecho
y deforme,
de mala leche,
y sombreru
en su gran cabeza
enorme..."
Se dice del Nuberu que tiene parientes tan dañinos
como pueda ser él mismo. En algunas partes de Asturias se conocen
como Reñubreiru, Escolar, Nubreiru o Xuan Cabrita. En más de una
ocasión se cuenta como se vio sorprendido por la
neblina. En este caso baja a la tierra y adopta la forma de hombre
barbudo y oscuro. Así se cuenta como una paisana lo tapó bajo una hoja de
berza y le dio hospedaje hasta que pudo marchar montado en la nube. Un día
un rayo mató una vaca y con el rayo cayó un Nuberu a tierra. Se encontró
con dos rapacinos que estaban cuidando el ganado. Al principio le tenían
miedo pero él les tranquilizó y les dijo que se llamaba Xuan Cabrita, les
pidió permiso para pasar la noche en su cabaña, a lo cual accedieron.
Repartieron con él la leche y la boroña que tenían. Por la mañana les
pidió que hicieran fuego con leña verde y mojada. Al producirse el humo,
el Nuberu fue escalando por él hacia las nubes para poder marchar, se
despidió de ellos y les dijo "Si vais a la ciudá de Brita entrugais por
Xuan Cabrita". Pasó el tiempo y aquellos rapacinos se hicieron hombres
y uno de ellos embarcó pero el barco naufragó y agarrándose a un pedazo de madera llegó como pudo a
tierra. Estuvo mucho tiempo viviendo de la caridad en tierras desconocidas
hasta que llegó a un pueblo que se llamaba Brita, se acordó entonces de la
despedida del Nuberu y preguntó cuál era la casa de Xuan Cabrita. Al picar
a la puerta le recibió la mujer del Nuberu que le dijo que su esposo no
podía recibirle puesto que estaba de viaje y llegaría tarde. Le hizo pasar
y le encerró en un cuarto muy oscuro lleno de humo. Cuando el Nuberu llegó
de noche, le dijo que le olía a "cristianizu" pero su mujer le dijo que
era un hombre que había conocido en Asturias. Entonces dijo Xuan Cabrita:
"Coimes, esi home entós, ye amigu míu, non a esi nun se mata non". Sento
al rapaz a cenar con él a la mesa y estuvieron hablando de muchas cosas,
al preguntarle por su tierra le contó que precisamente venía de descargar
una nube de granizo y que la esposa del rapaz se iba a
casar nuevamente porque allí pensaban que había muerto y todo el
pueblo la daba por viuda. El rapaz se preocupó mucho porque no podía
impedir la boda puesto que se encontraba a mucha distancia pero Xuan
Cabrita le tranquilizó. Prometió llevarlo volando subido sobre él por los
aires. Le dio un pincho y le dijo que le fuera espoleando con él
diciéndole "Arre demuniu, arre demoniu" pero no se le ocurriera nombrar ni
a dios ni a los santos porque entonces lo arrojaba al suelo. Volando por los aires
llegaron inmediatamente a Asturias, ya era de mañana, y justo
pudieron divisar el momento antes de entrar en la iglesia para
realizar la boda. En ese momento al rapaz se le escapó decir: "Ay, dios ya
veo el mío pueblu". En ese instante el Nuberu pegó tal sacudida que le
descabalgó arrojándole al vacío, a pesar de todo tuvo suerte y
consigue quedarse enganchado en un árbol próximo a la iglesia por lo que
tan solo sufrió arañazos y consiguió impedir la boda de su
mujer.
A la hora de enfrentarse a
la fuerza pagana del Nuberu existen varias formulas. Prender una llama de lloreu bendito, encender una
vela llamada Tinieblina que se traía de la misa de Jueves Santo, sacar
afuera la pala del horno, la pala y el rodabiellu o xurradoriu, y
colocarlos en forma de cruz. Colocar un hacha o unas tijeras apuntando
hacia la nube ... y otra formula que se mostró muy eficaz para espantar al
Nuberu y sus aciagas consecuencias consiste en tocar las
campanas.
Hailos qu´asociaben la
Borrina´l Güercu coles atomíes del Ñuberu, pero otros, con más xacíu,
xuncen esi vafu tenebroso al mundo los muertos. Y ye que nun aportaba sele
com´l caín qu´anubre los valles, nin yera tampoco esfilachada ñublina
blanco que ximielga l´aire. Testimonios d´espantu falsu d´un ñublo prieto
y xelao que t´arrodia d´esmenu metanes la nueche, d´una borrina espeso y
fediendo que s´abraza al gorgoberu. Acasu fueren aliendos postreros de
difuntos que, obedeciendo escuros encantamientos, s´axuntaben de repente
alrededor del caminante, tracamundiándo-y senderu y
aposientu.
Claro que somos a imaxinar
al Ñuberu, engoláu nuna nubona prieta, mirando enfoscáu pal mundu debaxo´l
sombreru negru, de la que más unviaba´l bastiazu y la trona. Sabío ye que
tamién llovíen dacuando sapos y culiebres, llimiagos, sacaveres... esta
yera la nidia faraguya qu´azotaba cuando más acometíu taba pala gafura. Yá
enrriba la tierra, esti bicheríu yera a estremase de los de la so castra
pol xeitu d´ arrastrase o pol so color más enceso y rescamplante. Ello
yera qu´l qu´alcontraba, pongamos por casu, la sacavera´l Ñuberu, y miraba
por ella con ciñu, bien aína se diba afayar gayoleru y arrodiáu de bayura.
Pero n´Asturies pocos tuvieron esa suerte, porque la xente tola vida-yos
tuvo perceguera a estos animalinos, asina fueren fíos de los folleros como
ayalgues de Xuan Cabritu.