Prehistoria


 

 "Con meticulosa cautela, acercó el afilado corte de la lasca tallada con mimo por él mismo a la roca lisa, apenas un poco curvada de la cueva. En su mente, la imagen de un enorme animal, al que la tribu infructuosamente trata de cazar. Su astucia, los reta continuamente, evadiéndose de las trampas que le tienden. Nada parece acabar con su irritante fortaleza. Ninguno de los trucos puestos en práctica, otras veces con cierto éxito, parecen suficientes para domeñar su capacidad y fuerza. Tal vez sería  preferible olvidarse de él, y  dedicar los esfuerzos a la captura de otro animal menos corpulento y, sobre todo, menos inteligente. Él mismo, había cruzado la mirada con la de aquel enemigo a batir, y en esos instantes, había surgido de lo más intimo de cada cual, toda la fuerza condensada del reto mortal al que uno de los dos no sobreviviría...

 La incisión en la piedra se convierte en enérgica, marcada por toda la furia con que recordaba esa mirada del rival. La antorcha de llamas claras, arde mientras ilumina el lienzo frío de la roca. Desvela entre las sombras, otras pinturas y otros grabados realizados en aquel santuario, desde siglos atrás por cazadores de tribus anteriores, sin duda en situaciones parecidas."

  La carretera atraviesa hacia el norte, está plagada de diabólicas curvas para precipitarse en una bajada rápida hacia los acantilados. En el descenso, la compañía detestable de los eucaliptos, que son a nuestros bosques lo que la cizaña al trigo, y al fondo, la mar..., la mar calma y azul. Afortunadamente aún es posible adentrarse bajo las frondas de centenarias encina, junto a las que también crecen madroños, quejigos, alcornoques..., además de generosas higueras, cerezos, fresnos..., para acercarse a la monumental vivienda del hombre prehistórico.

 La entrada es muy amplia, y al flanquearla con algún esfuerzo, ya que en  esta época no hay visitas guiadas, se siente una bocanada de aire fresco y el olor de la tierra y la roca húmeda. Aquí el tiempo está preso de si mismo. Los cambios que fuera de la cueva se sucedieron en tal vez once mil años desde que el hombre la habitara son fabulosos. La mar, se acercó erosionando la tierra y las rocas. El enorme castro que hoy se encuentra frente a la entrada se desgaja entre el acantilado vertical que cae a la mar. La propia vegetación, poco tiene que ver con aquella y aún menos la fauna. ¿Bisontes y mamut? ¡Imposible!!. Pero tenemos los grabados, las pinturas de aquellos artistas que dejaron constancia de lo que solo podía ser una fantasía.

 Sin embargo, en el interior las cosas deben de estar prácticamente igual a como las dejaron sus últimos moradores, únicamente la configuración del suelo sufrirá algún cambio por todos los que por allí  vamos pisando, las paredes, y el techo permanecen con sus huecos, rugosidades, entresijos de idéntica manera a como los vieron los ojos de aquellos habitantes de miles de años. Y de nuevo te miro "Elefante Enamorado", siempre recordare esta primera descripción que me hicieron de ti, cuando solo era un niño. Ahora ya sé que tú significado no es tan romántico, que tal vez servias como representación para que los jóvenes cazadores supieran donde dirigir las lanzas con certeza para abatirte.

 Aquí podemos encontrar el Hilo a una Historia. Tocándolo, sintiéndolo quedan en ridículo prioridades absurdas y bobas que consideramos nuestras necesidades. Nuestro origen viene de lejos, de antes de la noche de los tiempos y se pierde en el futuro, hacia las nebulosas más lejanas.

 Existen testimonios de la vida del hombre cuartenario en Asturias, hacia el 100.000a.C. Es durante el Paleolítico, entre 30.000a.C. y 9.000a.C., cuando nuestros antepasados empezaron a dejar su impronta en las abundantes cuevas descubiertas en el norte de España, principalmente en Cantabria y Asturias. El periodo Asturiense se denomina así por ser especifico de esta región. Se desarrolla entre 7.000a.C. y 5.000a.C.,  presentando una concentración importante entre los ríos Sella y Deva. No solo la caza era su despensa, el Cantábrico, nos habla de recolectores, de marisqueros, a los que la fuerza de las aguas empujaba el alimento, y ellos, sólo se tenían que ocupar de diseñar el instrumento para acceder al interior del crustáceo

 La finalización del periodo glacial, hace desaparecer los grandes  mamíferos. Los bosques cubren la mayor parte del territorio, y la fauna que lo habita es ya semejante a la actual. 

 Nos situamos donde nuestros antepasados  están pastoreando y construyendo los monumentos megalíticos, llamados Dólmenes, (de las voces bretonas Taol (mesa) y Men (piedra)). El nombre alude  a las grandes losas de piedra que se  utilizan para construir los enterramientos, generalmente colectivos de los muertos. El  dominio de la piedra pulimentada da nombre a este periodo, Neolítico, o de la piedra nueva, y se utiliza para las prácticas agrícolas y ganaderas.

  Los dólmenes, son cámaras cuyas paredes y techo están formados por  piedras de grandes dimensiones. Dentro hay una cámara en la que se colocaba al fallecido junto a sus ajuares y se procedía al enterramiento entre rituales de despedida.

 La diversidad de túmulos y dólmenes parece motivada por la existencia  o no de canteras  alrededor, siendo los dólmenes  reutilizados por las élites de las tribus, en tanto que los túmulos tenían un solo uso y un ajuar más pobre. A la vez, estos monumentos venían a encarnar un símbolo de unión e identificación de cada tribu al estar situados en espacios fácilmente visibles desde la distancia.

 El culto a la inmensidad, siempre ha tenido su materialización en el templo, que dentro de su enorme variedad de formas siempre ha aspirado a ser un pequeño resumen del universo. Inspirados por misterios tan grandes como la vida, la muerte y la creación, algunos megalitos funcionaban simultáneamente como primitivos instrumentos científicos, y servían de patrón para medir el tiempo, las distancias entre los cuerpos celestes y predecir los eclipses. En el corazón de estas piedras, la comunidad incineraba a sus muertos. En un ritual de transmutación, los elementos físicos del fallecido eran devueltos a la tierra, y su espíritu, al espacio, representado por la bóveda celeste, simbólicamente representada por las piedras erguidas, que funcionaban también como mojones separadores entre ambos mundos.

                        

                                 Peña Tu

                                                                            Inicio                      Portada

Free counter and web stats