Pelayo               

 

 

 

 En Asturias, desde la época céltica la sociedad estaba dividida en varios estamentos: el pueblo llano, la élite de los caballeros denominada los "Équites", al servicio de un Princeps o jefe local y los Sacerdotes y Druidas. La figura del "Princeps". no debe ser entendida como príncipe sino como "El Principal". Esta figura ya aparece en "Principeps Albionorun", de la tribu o gens de los albiones. Este sistema pervivió hasta la Edad Media. En aquella sociedad escasamente impregnada de romanización, las invasiones germánicas no parecen haber aportado cambios ostensibles. Ninguno de los invasores que franquean en el 409 los Pirineos permanecen demasiado tiempo en la cornisa cantábrica. "La hora visigoda en Asturias, fue una hora casi vacía, sin minutos. Deambuló por el espacio astur como un globo-sonda desorientado y perdido, sin enlace ni desenlace. Probablemente los astures la vieron pasar como una curiosidad ajena a su tierra"(Magín Berenguer).

   

 Después de que un ejército de árabes y berébes procedentes del norte  de África, cruzara en dirección a la Península Ibérica el estrecho de Gibraltar en 711, y se produjera la caída del reino visigodo de Toledo, se inicia unos años más tarde, la resistencia contra el Islam, protagonizada por un foco rebelde asturiano dirigido por Pelayo, un jefe astur local elegido en una asamblea de jefes de linaje. Es continuadora, en realidad, de la resistencia ofrecida contra el reino de Toledo, rebelión que no se diferenciaría de las precedentes: una más de las muchas que, reiteradamente, realizaban los astures al negarse a todo intento de imposición de tributos y formas institucionales de dominación territorial por parte del antiguo reino visigodo. De este modo, se produce un creciente rechazo de la población astur, en la que prevalecían individuos  de condición libre, vestigios gentilicios y matriarcales e instituciones basadas en un carácter tribal, a las imposiciones fiscales de los musulmanes. Circunstancias desarrolladas en el marco de una sociedad con una cristianización muy escasa y en la que existían, aún prácticas paganas autóctonas.

 

 Reconstruir los complejos procesos sociales, económicos, religiosos, políticos... que en el siglo VIII conducen a las estructuras feudales ofrecen aún innumerables incógnitas. Efectivamente, esta transición histórica, no dispone de testimonios cronísticos que no hayan tenido que sufrir el tupido tamiz censurador de épocas posteriores. En todo caso, cada vez nuevas investigaciones parecen abrir más paso a la tesis  de que la monarquía asturiana, lejos de poder ser considerada como una  pura prolongación de las instituciones, estructuras y grupos sociales visigodos "refugiados" en Asturias, responde a un proceso complejo en donde la sociedad indígena mantendrá todavía durante bastante tiempo no poco de su antiguo vigor. Por otra parte, es curioso observar como aún hoy salen publicaciones con afirmaciones tales: "Entre el rey Pelayo y el actual rey de España, Juan Carlos I, existe un hilo de continuidad único en toda la historia europea". Con anterioridad el Régimen franquista, decía haber surgido tras una cruzada comparable con las gestas reconquistadoras de la monarquía asturiana...?. Es sabido la existencia de pervivencias de formas matrilineales, no solo en Asturias, sino en toda la cornisa cantábrica. Jugando las mujeres, en abierta contradicción con el derecho visigodo, el papel de transmisoras de los derechos de sucesión al poder, aunque éste fuese ejercido por los varones. A Pelayo, elegido en una asamblea indígena en el 718, le sucederá Favila, el hijo de su mujer; y a éste Alfonso I, casado con una hija de Pelayo. Este linaje continuaría hasta Ramiro I, que no sin resistencias destrona a Nepociano, efímero monarca que había basado sus derechos al trono precisamente en la matrinealidad sucesoria, y la victoria de Ramiro no podría afirmarse sino a costa de sucesivas rebeliones de la nobleza local. A la muerte de Fruela, reinó su yerno Silo, casado con su hija Adosinda (774-783), que trasladó su corte de Cangas de Onis a Pravia (la antigua Flaviun Avia). En su sepultura se puede leer hasta doscientas cincuenta veces la frase "SILO PRINCEPS FECIT."  

 Las Crónicas de Alfonso III, recogen el proceso de cristianización subsiguiente, reinterpretando y magnificando, en forma de leyenda, la victoria de Pelayo en las montañas de Covadonga, considerando el hecho como el inicio de la restauración del reino de Toledo y por tanto "La Reconquista". 

 Como dejó dicho Elipando "Los clérigos van a París a estudiar las artes liberales, a Bolonia los códigos, a Salerno los medicamentos, a Toledo los diablos y a ninguna parte las buenas costumbres". Claro que Elipando, obispo de Toledo, no gozaba de buena fama entre los representantes del clero ortodoxo: Él, defendía posiciones en una controversia dogmática que se llamó Adopcionismo. La esencia de la desviación no era sino que Jesucristo fue hijo adoptivo de Dios y no directo, y aunque parezca mentira, media Europa anduvo de cabeza durante algunos lustros por esta causa. Hasta el propio Carlo Magno influyó para que el obispo toledano fuera condenado en diversos concilios, Frankfurt, Roma, Aquisgrán, antes del año 800. Pero Epilando murió contumaz en 808. El trasfondo era más político que teológico.

 

 Europa, la bellísima ninfa de juveniles carnes, feliz en su desnudez de sensualidad extrema, con su piel como el nácar y su cabellera rubia al viento, ocultaba sus ojos en el sueño, ojos que si consiguiéramos ver serían como inmensos lagos verdeazulados. Un día, del fondo del mar surgió un coloso de dimensiones ciclópeas, empuñando una descomunal espada y amenazando con un mandoble violento. Mas el coloso reparó en la bella Europa y, amedrentado por tanta hermosura, quedó paralizado sintiendo una punzada que le obligó a doblarse. Y sintió el coloso desprecio por si mismo, por su fealdad y por  su propia fuerza carente de sentido, y sollozó. El rostro plácido de Europa en su sueño, alborotaron aún más el entendimiento primario del coloso que perdió el control en una reacción sin más sentido que aquel que impele hacia la destrucción de lo hermoso por sus connotaciones de divinidad y, por ello, de inaccesibilidad. Y, ciego, alzó la gigantesca espada y la descargó con violencia espeluznante sobre la bella Europa, matándola en un sacrificio tan atroz como inútil.

 Como un poema épico de drama gigantesco se puede contar la relación entre los poderes temporales y los espirituales. La cristianidad occidental se caracteriza y caracterizó a lo largo de la historia por este tipo de uniones. El 26 de diciembre del 795, el mismo día en que fue sepultado Adriano I, elegía Roma por unanimidad a su sucesor. León III fue coronado a la mañana siguiente e inmediatamente envió a Carlomagno, junto con la noticia de su elección, las llaves de la tumba de San Pedro y la enseña de Roma, dando a entender que reconocía su título de Patricio de los Romanos. El Rey franco Carlomagno fue coronado el año 800, el día de Navidad, cuando Carlomagno y el pueblo se hallaban en la catedral, el Papa (inesperadamente) puso una corona sobre la cabeza del monarca, se prosternó ante él e invito a la multitud a que aclamara al nuevo emperador del Santo Imperio Romano. 

 

Decisivo para el afianzamiento del reino asturiano, fue el largo periodo  de Alfonso II (791-842). Trasladó la incipiente corte a Ovetao, y durante medio siglo reorganizó política y administrativamente el territorio, propagando un carácter neogocista en línea con el ceremonial godo. Si bien su mandato se vio en más de una ocasión en peligro por la obsesión de Abderramán II, (822-852) de terminar con la revuelta nacida en Asturias, supo aprovechar las divisiones internas entre árabes y berébes, extendiendo  el territorio hasta Lisboa. De las relaciones de los embajadores astures con Carlomagno, y el Papa,que ya tenían el problema del adopcionismo resuelto, con la creación del Dios Trino, surge de nuevo la leyenda, la carambola galáctica. Es sabido el fracaso que Santiago el Mayor tuvo en la misión cristianizadora de la península Ibérica. Tras el regreso a Jerusalén, es decapitado por Herodes Agripa, prohibiendo su entierro. Los discípulos meten su cuerpo en un sarcófago de mármol y este es conducido, únicamente teniendo como timonel la mano de Dios, a  Galicia. Este hecho es desconocido hasta que en el 810 cerca de Iria Flavia su tumba fue iluminada por una estrella, Compostela. Alfonso II acudió al lugar y se construyó allí un santuario. Hoy catedral de Santiago de Compostela. Había nacido el Camino de Santiago, ruta que une la Península con el imperio de Carlomagno y aleja Toledo de cualquier influencia en Roma. En el campo artístico, la etapa alfonsí representa el impulso constructivo más importante de lo que, con el tiempo, se denominará Arte Prerrománico Asturiano. Con la muerte de Alfonso II, muere el ideal de un pueblo, que un día Pelayo, algunos nobles Astures y, Cántabros, llevaron a cabo en Covadonga.

 

 Transcurre la fría tarde del primer día de febrero del año 850. El rey Ramiro I expira tras recibir la extremaunción del obispo ovetense rodeado de sus principales, de su joven esposa y su primogénito y sucesor en el trono, Ordoño. No ocurrirá como hace algo más de siete años, cuando a la muerte de Alfonso II, el trono que había de ser para Ramiro por decisión de aquél fue ocupado por Nepociano durante dos meses. En esta ocasión todo esta bien atado. Se apaga la luz de este día que es de júbilo contenido para muchos en el reino. La muerte de un rey cruel es un alivio para el perseguido. Se apaga igualmente la vida de Ramiro, en este espacio grandioso, apenas disfrutado de su palacio del Naranco. La lluvia es nuestra compañera en la visita. La luz que se filtra entre las nubes bajas, que lamen esta pequeña sierra, dan a los perfiles cierto aire irreal. Los caminos, protegidos hoy con asfalto del  barro que antaño batían las pezuñas de las reses y los cascos de los caballos de caballeros, patronos y renteros, lodos que cubrían los curvos caminos, largos e inseguros de los siglos del reino de Asturias, por donde los ricos homes e infanzones, los sirvientes de reyes y los propios monarcas cruzaban para detenerse en palacio. Los perfiles de las piedras húmedas, ennegrecidas y brillantes que hoy nos reciben parecen acercarnos aún más a aquellos momentos en que esta construcción era una referencia fundamental en el paisaje de esta ladera que poblaban castaños, punto de referencia de moradores indígenas que a duras penas aceptaban la nueva religión impuesta por el monarca astur. Tras cuatro décadas de cierta paz interior durante el reinado de Alfonso II, los breves años de poder de Ramiro I fueron azote para astures, cántabros, vascones y gallegos. Se alimentaron pías con carne humana de reos impíos, augures y ladrones. Dudosa justicia aquella dictada por un rey autoritario guiado por la mano del obispo ovetense, Gomelo, que como tantos cuantifican el interés de Jesucristo sólo en el recuento de almas y posesiones. Mal lo tenían entonces los súbditos a la fuerza desde Galicia hasta el País Vasco. Sus cultos, sus creencias de siglos, chocaban con la expansión de una religión integrista capaz de acallar cualquier manifestación que escapara a sus leyes divinas y humanas: "antes muerto que no cristiano", decían al encender las hogueras. Debió de oler muy a quemado durante esos próximos reinados. Magos, nigromantes, hidromantes, adivinos, encantadores, ariolos, arúspices, augures..., pero también, druidas, sacerdotes y sabios fueron perseguidos por "La Vara de la Justicia". El que tiene el poder escribe la Historia. Justo es, pues, dudar de ella.   

 

 Si el nombre de Tiola habría de encontrarse entre los más grandes de la arquitectura universal, y sin embargo no es así, se evidencia la infamia de la Historia contada según intereses muchas veces inconfesables. Crónicas de la monarquía del reino astur trazadas a imagen y semejanza de quienes las dictaron. Así, y por muchos siglos desaparecieron los artífices auténticos por la omisión de ese esperpento de relatos donde sólo importa el monarca y sus próximos, además, claro está, del obispo de turno. Difuminase el resto en una gris conglomeración de vidas sometidas, viviendo por y para la grandeza de sus tiranos. Es la vida en el reino astur fraticida, cruel, reaccionaria, que admiró al mundo con la obra de sus artistas, arquitectos, escultores, orfebres, músicos y hasta filósofos, pero que también fue eminente y pionero en la  persecución y quema de cuantos no rendían culto al "único Dios verdadero" y que en aquel reino transmontano se reducía a la práctica totalidad de la población indígena, habitantes de los montes en tribus de pueblos con su propio acervo cultural riquísimo, adoradores de los árboles y el viento, de la lluvia y de los astros, de las montañas y de la Diosa Blanca, la luna, madre de todas las criaturas. Los poderosos del nuevo reino se revelaron como crueles y despóticos, imponiendo su credo con sangre y fuego a tutiplén.

 

 No fue Ricardo Corazón de León como la épica anglosajona lo pinta. Sin embargo, la creación novelística entorno a él, a Merlines y Lancelotes, a Robines de los Bosque y caballeros de Tablas Redondas, es magnífica, y eso es a la postre más importante que lo realmente ocurrido. En Asturias tenemos peripecias sin cuento jalonando la historia; las andanzas y "alborotos" en nuestro pequeño reino darían para muchas grandes gestas. Y es tiempo ya de prescindir de D. Pelayo, que asimiló en su figura la más perversa utilización del mito por intereses políticos y religiosos y que en la actualidad se empieza a ver con rechazo sino con hilaridad por cada vez más personas. O, tal vez, reivindicarlo y alejarlo de la manipulación de la historia que durante siglos estimularon los poderes establecidos.

 

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